domingo, 22 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Embriáguense
Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hasta la tierra, hay que embriagarse sin descanso.
Pero, ¿De qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.
Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la hierba verde de una zanja, en la soledad uraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán: "¡Es hora de embriagarse! Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca."
Yo sería una poeta maldita.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
